LA MATERNIDAD, NO ESTAS PREPARADA PARA ELLA, PERO SERA LO MEJOR QUE TE PASE NUNCA. (TESTIMONIO)

17:58:00


La gente me decía que mi vida iba a cambiar, que estaría cansada, que la maternidad sería lo más importante y lo más difícil de mi vida.
Sí, sí, sí.
Lo sé, lo sé.
Lo sabía todo.
Mi familia sólo sonreía y aceptaba mi ignorancia. Ahora me pregunto si es que estaban asustados por mí.
Hace poco estuve en el baby shower de una amiga. Estaba rodeada de mujeres haciendo bromas sobre convertirse en madre por primera vez, sobre la falta de sueño, y los antojos de embarazo. Intercambiaron recomendaciones sobre pañales, mantas y cremas. Pero es por debajo de los comentarios livianos, y los “uhhhh” y “ahhh” al ver la diminuta ropa de bebé, se encuentra lo real: la dureza de la maternidad. Me senté allí en silencio, pero lo único que quería hacer era hablar, y hablar, y hablar sobre cómo puede ser la nueva maternidad realmente. Para que mi amiga se enterara de todos los verdaderos secretos de ser madre.
Me moría de ganas de preparar mi amiga, de alguna manera, para la ola que estaba a punto de caer sobre ella.
Recuerdo haber comido piñas enteras y estar asfixiándome con pastillas gigantes para asegurarme de que mi bebé no tuviera problemas para salir de mi útero.
Estaba lista.

Sentí que se demoró siete años en llegar. Más precisamente, 41 semanas y 1 día. Esos ocho días adicionales me ayudaron a estar más preparada que nunca. Recuerdo haber estado sentada, extática en el hospital, después de haber recibido la epidural. Estaba demasiado aturdida como para dormir.
Finalmente había llegado el momento, y yo estaba más que lista.

Luego, en un abrir y cerrar de ojos, ella estaba aquí. Era pequeña y maravillosa. Era increíblemente hermosa. Era perfecta.
Pero esperen.
No estoy lista.
Esto es demasiado difícil.
Estoy excesivamente cansada.
¿Por qué nadie me preparó para esto?
No. Sé. Nada.
Si hubiera estado sentada al frente de esa versión embarazada, ansiosa e ingenua de mí misma, le hubiera dicho lo siguiente:

El amor que sentirás no es comparable a nada de lo que hayas sentido antes. Será extraño y familiar a la vez. Llenará tu corazón por completo, casi desbordándolo. Sin embargo, puede sentirse pesado. Desproporcionado. Puede que sientas que te vas a romper por la mitad, por el peso que hay en el interior de tu pecho. No serás capaz de diferenciar entre el agotamiento y la depresión, y esa oscuridad te privará de los que deberían ser los meses más tiernos de la nueva vida de tu hija.

Tu bebé va a llorar, y mucho. Tus días van a comenzar y a terminar con los gritos más tristes que jamás hayas escuchado. Tu cuerpo va a responder de la manera en que está programado para hacerlo: con pánico. Vas a googlear todo, desde “limpiando pañales bebé” hasta “recién nacido que odia la vida”. Y vas a quedarte corta. Siempre te vas a quedar corta.
Vas a sentir como si te estuvieras volviendo loca, día tras día. En los interminables viajes a la sala de emergencias, serás conocida como “la madre primeriza paranoica”. Ellos te darán folletos sobre “cólicos”, pero no detendrá el llanto. Por un tiempo, amamantar será insoportable, y tu bebé va a luchar contra ello, fuertemente. Contraria a las leyes de la naturaleza, el bebé no sabrá succionar la leche de tu cuerpo. Además, el pánico se apoderará de tu cuerpo la mayoría de las veces que te baje la leche. Sí, los ataques de ansiedad inducidos por la lactancia existen, y te van a ocurrir (Las hormonas son idiotas).
¿Mencioné lo agotada que te vas a sentir?
Comer, dormir y ducharse no son parte de esta temporada (por lo menos no muy a menudo). Este amor va a aplastar tu ego. Va a destruir tu capacidad de confiar en ti misma. Tus seres queridos  te van a decir que le está dando demasiada atención a tu bebé (no es verdad). Te sentirás culpable por no estar a la altura. Te sentirás culpable por sentirte culpable. Te sentirás culpable por sentirte culpable por sentirte culpable. Vas a llorar por cosas absurdas, como por ya no estar embarazada. Y por cosas grandes, como la forma en que tu cuerpo se ha transformado a causa del embarazo. Puede que sientas que nunca serás capaz de cargar con el peso de este amor.
Pero ¿y si te digo que un día tu hija va a sonreír? ¿y que incluso se va a reír? Y tú también lo harás. Sus intestinos eventualmente se desarrollarán y podrán digerir los alimentos, y ella va a dejar de gritar todo el tiempo. Vas a encontrar respuestas a todo lo que cuestionaste.
También le diría que todo va a mejorar, y mucho. Ella aprenderá a dormir y a amamantar. Incluso me atrevería a decir que se vuelve bastante buena en ambas cosas. Le diría que tiene que encontrar la esperanza en los ojos de su hija.

Aunque puede que nunca llegues a saber todos los secretos de la maternidad, llegará un día en el que encontrarás la forma de tomar ese amor y dirigirlo hacia ti misma también, en lugar de sentirte aplastada por él.
Y aunque sea difícil de creer, un día tendrás a una niña inteligente e increíblemente feliz. Una niña que adora el mundo. Y tendrás el pelo limpio, y tiempo para hacer tu desayuno (sí, ¡el tuyo también!).
Lo vas a lograr.
Llegará el día en el que te maravilles al ver que la niña que está delante de ti es el mismo bebé que solía ser tan infeliz.
Va a ser mejor. Vas a crecer. Vas a adaptarte y a acostumbrarte y a adaptarte otra vez. Eso es lo que la maternidad es. O eso creo yo. Encontrar maneras para que a pesar del dolor y la frustración, siempre pueda caber más amor en ti. Siempre habrá algo que exceda tu capacidad, y que por tanto te forzará a hacer espacio para más. Aprenderás a equilibrar los beneficios con el peso.

Y te ruego que aceptes el hecho de que las cosas siempre se sentirán incompletas. Está bien. Deja que lo incompleto sea suficiente.

Es suficiente.
Es suficiente.
Es suficiente.

ERES UNA MADRE ESTUPENDA

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