LLEGÓ Y SE FUÉ (Testimonio de una madre)

1:12:00

Mai nació el 3 de marzo, en una cesárea necesaria por prolapso del cordón.  El prolapso del cordón es una complicación muy grave del parto que ocurre en rarísimas ocasiones y que, en este caso, tuvo consecuencias fatales.  Mai no se quedó con su madre.
Hace unos días su madre subió la siguiente foto a Facebook de su pecho desnudo llorando lágrimas blancas de leche por su pequeña princesa, acompañada con el texto, alguna persona decidió denunciar la foto por que dañaba su sensibilidad, a pesar de que la fotografía recogía  cientos de comentarios de apoyo y admiración.
Que decir al respecto de las personas que tienen tan poca sensibilidad ante este tipo de fotografías y no se paran a leer ni el texto ni las palabras que dedicaba esta madre, el testimonio que contaba, su dolor, su anhelo, y en vez eso solo ve algo obsceno que tiene  que ser denunciado... Que decir de esas personas, solo diré que tienen bastante cerrada y que deberían abrir un poco los ojos y mirar lo que les rodea.
Aquí os dejo la imagen y las palabras de esta madre escritas pocas semanas después de perder a su bebe.

Cuando la leche no es blanca


El pasado 3 de marzo mi hija Mai nació muerta. Nadie te prepara para eso. Nadie está preparado. Dentro de la nebulosa del momento, burocracia, gestiones, decisiones y recuerdos, alguien te ofrece pastillas para cortar la leche. Alguien te dice que puedes esperar. Y en ese momento caes en que tu cuerpo, tu cuerpo de madre, parida la placenta, producirá leche en unos días. Y te cagas en la Naturaleza. Mi elección fue esperar, quizás para aferrarme a lo que de Mai me quedaba. No me arrepiento, fue una despedida suave y paulatina, pero cada mujer debe tener libertad para escoger la suya. Los profesionales deben informar. No juzgar. Tras la cesárea de urgencia y la muerte, el shock y el dolor físico dejaron paso a una fuerza increíble que me impulsaba a levantarme, a lamerme mi propia herida. Los pechos se me llenaron de leche, tremendos y calientes. Fui mamífera en estado de alerta, buscando a mi cría, esperándola. Por la cesárea tomaba antiinflamatorios, quizás por eso no sentí dolor, solo malestar, no tuve necesidad de extraerme leche ni de aplicarme frío ni hojas de col. Dejé fluir la leche, simplemente, dejé que me mojase despidiendo a mi bebé, dejé que se perdiese. Dejé a mi cuerpo hacer su duelo, llorar su luto, hasta que la leche se marchó. Y con ella la fuerza. La mamífera que por fin tomó conciencia de que su bebé no iba a volver. Mamífera vacía de vientre y pechos muertos. El cuerpo de madre, creador, nutricio, lleno de vida y alimento pasó suavemente a convertirse en silencio, en cementerio.

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