HOY VAMOS A PEDIRNOS PERDÓN

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Hoy vamos a pedirnos perdón. Vamos a dejarnos de pensamientos “positivos” bajo los que ocultamos todos los reproches que nos hacemos día a día a nosotras mismas cuando nos miramos al espejo. Hoy vais a mirar a esa mujer que os devuelve la mirada frente al espejo y os vais a pedir perdón. No por nadie, no por gustarle a nadie, sino por vosotras mismas, para gustaros más a vosotras. Para miraros día a día y sentiros la persona más importante de vuestras vidas.

Cada día después de la ducha la crema el antiojeras y mil y un productos de maquillaje, después pintarme una sonrisa con el pintalabios salgo a la calle con una coraza como si nada me importase. Como si aceptase todo lo que tengo y me siento orgullosa de ello. Puede que ahora sea así. Puede que ahora me dé lo mismo tener estrías o celulitis o unas ojeras de categoría. Pero no siempre fue así.

Por qué esa mujer que se desmaquilla por las noches y mira frente al espejo y ve esas ojeras violáceas que le devuelven la mirada recordándole las horas que no duerme día tras día. Esa mujer que sigue con la punta de sus dedos las estrías que forman un fino mapa por sus muslos. Esas estrías que tanto ha odiado en silencio y con las cuales se ha debatido en una guerra silenciosa que ninguna de las dos partes a ganado. no le ha resultado fácil llegar a donde esta hoy. No fue fácil aceptar todos esos “fallos”.

Hoy es el día de perdimos perdón a nosotras mismas. Porque somos nosotras las que más daño nos hacemos, las que más nos juzgamos . Las que más fallos nos sacamos y las que vamos creando sobre nosotras una capa de miedo que nadie podrá quitar.
Y muchas veces no es culpa nuestra. Porque llega un momento en el que nuestro cuerpo deja de ser nuestro. El momento en el que  tienes que escuchar los típicos comentarios de “anda que bien te sienta eso pero con unos kilos menos te quedaría mejor” “Anda ese color te favorece a la cara pero te hace muchas caderas”. Vamos a ver, por partes. Con más o menos kilos si ese vestido/falda/pantalón o lo que sea que lleve puesto, me lo voy a seguir poniendo. Por qué no puedo decir “uy esto me queda mejor con unos kilos menos” y quitármelos antes de salir de casa. Desgraciadamente no podemos.
Segunda parte. Tenemos caderas ¡Si señores! Y tampoco nos las podemos quitar, las aceptamos, las queremos y vivimos en armonía. Y así con un sinfín de comentarios “inocentes” que hieren. Que hacen que nosotras mismas nos sintamos inseguras y al final libremos batallas con nuestros cuerpos que al final no ganaremos.

Por eso pido perdón a mi cuerpo. Por dejar que esos comentarios en algún momento me influyeran, por dejar que alguna vez me odiase a mí misma o a mis ojeras, estrías o cualquier otra parte que en algún momento no haya sido de mí agrado.
Porque muchas veces lo que ocurre es que nos sentimos culpables de lo que tenemos. Nos culpamos cada vez que las vemos reflejadas en un espejo y al final pasamos por ellos casi sin fijarnos para no verlas.
Por qué jamás, jamás debemos sentir vergüenza de algo que tenemos. Puede que a otros no les guste pero ¿y qué más da? Esa persona que en la calle te va a mirar con mala cara o que va a hacer un comentario, luego no se va a ir contigo a casa. Pasar de los comentarios, ignorar las malas caras y reíros de todo. Quereros a vosotras misma. Querer a vuestras ojeras, a vuestras estrías, a ese maldito michelin que se empeña en salir en todas las fotos.
Por qué queridas amigas mías. Como os queréis vosotras mismas… nadie os va a querer.

Puede que hoy os parezca imposible, pero con el tiempo veréis que librar esas batallas incansables… no os va a llevar a ningún lado. 

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